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Esta solución para frenar el calentamiento global, es para dar tiempo  a que las reducciones CO2 en el planeta sean lo bastante bajas como para dejar de aplicarla.

Hace varios años concretamente en 1815 el volcán Tambora entro en erupción mandando a la atmósfera superior un millón y medio de toneladas métricas de polvo y las temperaturas mundiales descendieron por la escasa luz solar.

Lo que debemos de hacer ahora es mandar varias toneladas de material de la misma manera que pasó con el Tambora pero de forma controlada, de este modo los rayos de luz solar reflejarán en el y saldrán de la misma manera que entonces. Para subir este material debemos hacerlo de varias maneras pero yo sugiero aquí una que es subirlo mediante transportes aéreos, una vez tomada la altura deseada para que dicho material se quede suspendido en el aire, soltar desde el avión todo el material, para ello serían necesarios varios vuelos, pero también se podrían instalar unos sistemas en algunos vuelos regulares para poder mantener la cantidad de material deseada.

Abajo os dejo unas imágenes que no están muy bien dado a que no soy ningún genio con los editores pero así veréis un poco la idea, también os dejo la información del Tambora y el año sin verano para que le echéis una ojeada.

 

En estas dos imágenes de arriba vemos el actual comportamiento de los rayos del sol respecto a la tierra y el comportamiento cuando entro en erupción el Tambora. Y en la imagen de abajo vemos el comportamiento que podemos lograr.

 

 

Erupción del volcán Tambora (1815)

El 10 y 11 de abril de 1815 -después de 7 meses de exhalaciones- el volcán Tambora entró en erupción, la cual fue considerada catastrófica pues repercutió sobre todo el globo. La erupción decapitó la mitad del volcán, antes de la explosión el volcán tenía una altura de 4.330 metros sobre el nivel del mar, al final solo le quedaron 2.850 metros de altura.

La nube de cenizas emitidas por la explosión se expandió a mas de 600 km de distancia del epicentro de la erupción, esta nube generada en 24 horas -según se cree- bastó para que tapara el Sol por 2 días completos. La precipitación de cenizas cubrió las zonas en un radio de 500.000 Km² con un espesor de 3 metros de cenizas. En Francia la capa de cenizas fue de 1 cm, la causa de la llegada de las cenizas a Francia se debe que los vientos circulaban al oeste e iba a empezar el monzón. El ruido de la explosión se escuchó a más de 1.500 Km de distancia del volcán.

Según estimaciones el volumen de los piroclastos fue de 150 a 175 km³. En el océano se formaron verdaderas islas de lava, ceniza, material piroclástico, piedra pomez y trozos del cráter. Esto afectó gravemente a la navegación durante los siguientes años.

Los piroclastos y las nubes de ceniza mataron a 12.000 personas. Aparte, en las islas de Sumbawe y Lombok murieron 49.000 personas por hambre, pues las nubes de ceniza destruyeron las cosechas. Datos similares se registraron en otros lugares del mundo.

La erupción afectó gravemente el clima del mundo, se registraron descargas de temperatura, intensas tormentas de nieve en lugares cercanos a los polos y lluvias torrenciales en los trópicos y el ecuador. En el ambiente, los primeros registros se dieron en Europa, principalmente en Londres, donde las puestas y salidas del sol se observaban muy naranjas, llevando las tonalidades naranjas, rojas, púrpuras e incluso rosas.

Tras la erupción de Tambora se registró un año más tarde, en 1816, un año sin verano “The year without summer”. En efecto, este verano fue frío y lluvioso en los Estados Unidos y en Europa, con consecuencias desastrosas para las cosechas. En Francia, el mes de julio presentó un déficit de temperatura media mensual de 3 °C, en Châlons-sur-Marne. Y en París la pluviosidad no alcanzó 2 - 3 veces la norma mensual calculada sobre períodos largos.

Año 1816 sin verano

1816 fue el año sin verano, también conocido como el año de pobreza. Las anormalidades del clima propiciaron un invierno severo que destruyeron las cosechas del norte de Europa y del nordeste estadounidense.

Se sabe ahora que las alteraciones del clima ocurrieron debido a las erupciones volcánicas de la Montaña Tambora entre el 5 de abril y el 15 de abril de 1815 en la isla de Sumbawa en las Indias Orientales (hoy Indonesia) que arrojó a la atmósfera superior un millón y medio de toneladas métricas de polvo. Como es normal tras una erupción volcánica fuerte, las temperaturas mundiales descendieron debido a la reducción de la luz del Sol.

Las raras alteraciones del clima de 1816 tuvieron un gran efecto en el Norte de Europa y el Nordeste americano. Típicamente, el fin de la primavera y verano del Nordeste americano son relativamente estables: las temperaturas en promedio son entre 20 y 25 ºC, y raramente caen por debajo de 5 ºC, la nieve en verano es una rareza extrema, aunque a veces en mayo hay periodos fríos.

En mayo de 1816, sin embargo, la escarcha quemó la mayoría de las cosechas que se habían plantado, y el 2 de junio una gran tormenta de nieve produjo muchas muertes humanas. En julio y agosto, se heló el río en un lugar tan al sur como Pensilvania. Las rápidas oscilaciones de la temperatura, eran comunes, pasando en cuestión de horas de temperaturas normales de verano (tan altas como 35ºC) a temperaturas cercanas al punto de congelación. Los precios subieron considerablemente. La avena, por ejemplo, casi multiplicó por ocho su precio pasando de 12 centavos por bushel del año anterior a 92 centavos.

Europa, que todavía se estaba recuperando de las Guerras napoleónicas, padeció la escasez de comida. Hubo saqueos de almacenes de grano en Bretaña y Francia y la violencia fue peor en Suiza, donde el hambre forzó al gobierno a declarar una emergencia nacional.

Los altos niveles de ceniza en la atmósfera produjeron espectaculares ocasos durante este período, un rasgo que se plasmó en las pinturas de J. M. W. Turner. (Un fenómeno similar se observó después el 1883 la erupción del Krakatoa.)

En 1920, el climatólogo estadounidense William Humphreys determinó la causa del año sin verano, después de leer un tratado escrito por Benjamin Franklin en 1783 culpando del verano extraordinariamente fresco al polvo volcánico proveniente de la erupción de Laki en Islandia.